20091224

Día 4: Pelea

Vencieron a la estatua sin mí, dejando una especie de corazón de cristal (que hacía pupa). Estaba sedienta asique me dispuse a volver al pozo, para beber del vagabundo. Para mi sorpresa, el vagabundo apareció subido en una araña de la hostia, con una túnica rara; por lo que dijo Leuca, era del Vaticano (quizá Rémulo se refería a ese tío) y nos dijo que si sabíamos algo sobre él y Tempus. Dijimos que no, nos llamó escoria y se largó con su mascota... La muy... de Lune se cortó, delante de mí... Estaba muerta de sed... y su sangre era tan roja y brillante... Pero no, si lo hacía me vincularía a ella, o peor, quizá la mataría. Me resistí... Se hizo un corte más grande... Mucho más profundo, la sangre salía a borbotones... Los ojos me brillaban... pero, hice acopio de las pocas fuerzas que me quedaban y me resistí. Eilyn me tendió un bote de sangre, y ayudó a calmar mi sed. Me entraron ganas de partirle la cara a esa zorra, quería que... ¡¡¡VENGA YA!!! Si quiere montarla, la vamos a liar pero bien. Quizá la próxima vez...
Trepé por aquel pozo al exterior... Olía a quemado. Al salir, todo estaba reducido a escombros humeantes. Tenía sed. Nos dirigimos al Elyseo, para buscar a Rémulo. Allí me despacharon la cantidad de sangre que necesitaba para recuperarme... qué gusto, joder. Rémulo volvería mañana. Iba a amanecer dentro de poco, por lo que nos quedamos allí a dormir. Dormí en un ataúd junto a Selos con su camisón rosa, y con Eilyn. Al despertar, busqué a Rémulo y le conté qué había sucedido. Me estrelló la bola zombie en el pecho... ARDÍA... El símbolo de mi clan quedó reflejado en mi pecho por un instante y después se evaporó. Nos hicimos más fuertes.

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